Por fin acabas
la carrera de tuba.
GRAN DÍA.
O NO…
Porque ahora,
la aventura sigue
de tres formas.
Y tienes
que elegir:
Irte a estudiar un Máster al extranjero.
Porque posiblemente ya estás pensando en dar el salto a una gran orquesta…
…entonces ahora simplemente es ‘perfeccionar’ un poco lo que no se ha podido resolver en solo 14 años de conservatorio.
Hasta que, en la primera clase, el nuevo profesor te dice lo inevitable:
“Wow, te suena muy bien la tuba… Pero tenemos que empezar de cero.”
Que le den al Máster.
Pasas de acabar en Alemania comiendo todos los días chucrut con cosas. Así que mejor te quedas en tu pueblo, que los domingos hay paella… vamos, ni punto de comparación.
El caso es que, con Máster o sin él, te preparas una docena de audiciones por medio mundo… total, son gratis.
(Bueno, a lo mejor 700 eurillos en billetes de avión —uno para ti y otro para tu tuba—, pero lo que son las pruebas, gratis)
Así que primero te presentas para entrar en orquestas muy buenas.
Luego no tan buenas.
Al final a cualquiera, la que salga.
O directamente ninguna.
Pero lo que no entiendes es por qué narices siempre le dan la plaza a otro, ¡si tú no has fallado ni una mísera nota!
Y otra vez más, te toca llamar a los tuyos para anunciarles que…
“Nada, no he pasado ni la primera ronda.”
Al final, tiras la toalla.
Y sin darte cuenta, el desánimo hace que acabes aceptando bolos mal pagados.
O tocando con charangas en Semana Santa.
Y está todo bien. Yo soy el primero que, como tú, se emociona tocando un buen Mater Mea… pero claro, tampoco te has sacado un título para acabar tocando procesiones. Y dos veces al año, no me jodas.
Lo bueno es que si te apasiona la enseñanza puedes dar clases a 10 euros la hora… a veces en negro.
Y a lo mejor no era exactamente el plan que tus padres querían para ti (hasta te has planteado dedicarte a otra cosa), pero en el fondo piensas:
“No puedo fallarles después de media vida apoyándome en esto.”
Ya, es una cuestión de dignidad.
Eso sí…
Sería una lástima que, después de tantos años soñando con tocar en un gran orquesta, todas estas realidades fueran las que, poco a poco, te hayan hecho creer que no vales para eso.
“Es que ese chaval
tiene muchas condiciones…
Yo no tengo ese talento.”
Como si los grandes músicos de orquesta lo hubieran conseguido por nacer con algún don especial…
PERO
ESPERA, ESPERA…
LA BUENA NOTICIA
ES QUE HAY UNA
4ª OPCIÓN
Que vayas
en serio
con la tuba.
Y te aseguro que aún estás a tiempo de solucionarlo.
A mi, me pasó.
Resulta que yo también me había pegado años haciendo las cosas como me habían dicho, como se supone que había que hacerlas. Y oye, me sirvió… aunque solo fuera para no suspender y que la nota me diera para pasar de curso. Y todos contentos.
Incluso por un tiempo, esa base me permitió conseguir algunos pequeños objetivos, como entrar alguna orquestilla joven, no te digo que no.
Porque está claro que el conservatorio es la base.
Pero solo eso: la base.
Y esa fue
mi confusión.
Porque a ver…
Una cosa es sacarte un título, o que consigas hacer más notas que el mismísimo Baadsvik (un grande)…
…y otra muy distinta, salir ahí fuera y enfrentarte a la vida real, donde debes prepararte a conciencia si quieres jugar con los mayores.
Me refiero a entrar en el verdadero mundo orquestal.
Esa burbuja en la que sólo unos pocos vivimos (y disfrutamos) de la tuba realmente en serio.
De hecho…
Si hubiera seguido estudiando como la mayoría, nunca habría llegado a tocar con Chicago Symphony.
Ni con New York Philharmonic.
O Boston, Utopia, Mahler Chamber...
Y mucho menos, tener el privlegio de ocupar la silla de tuba en la Orquesta Nacional de España desde hace 12 años.
Así que después de 20 años metido en el terreno de juego…
Estoy listo para guiar y mostrar el camino a la nuevas generaciones de tubistas.
Sin atajos pero sí por fin entregarles la llave en mano que les abra las puertas a un futuro prometedor.
Y si quieres, a ti también, claro.
Luego te digo cómo, pero antes hay que matizar algo.
Porque ojo, no me refiero solo a saberte el repertorio orquestal al dedillo y, defenderlo sin que te tiemble el pulso, ahí sentado junto a la sección de trombones…
Te hablo de experiencias únicas e inolvidables, de sentir que perteneces a algo importante.
Y créeme… merece muchísimo la pena.
Porque a lo mejor no lo habías pensado desde esta perspectiva, pero…
Imagina el siguente panorama:
Empezar a codearte con artistas a los que llevas años admirando. Auténticos máquinas como Yuja Wang, Reinhold friederich, Joshua Bell, Charles Vernon… que de un día para otro, te hablan de tú a tú… y lo flipas. Pero es que claro, ahora son tus compañeros.
Ensayando bajo la batuta de Dudamel, Currentzis, Gatti, Nelsons o Petrenko. Directores tan bestias que, solo con entrar por la puerta, todo el mundo aprieta el culo… no sé si me explico (eso sí que es un verdadero Maestro).
Y sin darte cuenta, mientras mucha gente odia los lunes… resulta que tú estás aterrizando en otro rincón del mundo. Visitando Nueva York, Jalisco, Sevilla, París o Tokio. Inmerso en una irrepetible gira de conciertos que acaba siendo el viaje de tu vida.
Entre otras cosas porque, si te gusta comer, allí te puedes pegar una buena tripà de los platos autóctonos más variopintos. Tacos ultra picantes, rica pasta casera o una montaña de sushi… del original, digo.
O acabar en Catar y conocer allí al modista que te va a hacer tu nuevo frac a medida. Alucina.
Y lo estrenas, con esos que nervios antes te anulaban justo antes de salir al escenario. Pero ahora es pura adrenalina, con la que te vienes arriba nada más pisar la tarima… porque presientes que va a ser un concierto memorable.
Entonces sales al ruedo, con la única preocupación de gozarte los atronadores fortíssimos de una 2ª de Mahler… con casi 200 personas en escena. Qué espectáculo, joder.
Además es un lujo hacerlo en la impresionante Metropolitan Opera House, el mítico Royal Albert Hall o la preciosa Scala de Millan. Auditorios que antes solo veías por youtube o sentado entre el público…
…y ahora son tus seres queridos los que van a verte a ti, mientras murmuran “qué cabrón, pues al final no era tan friki.” Pero en realidad están admitiendo, orgullosos, que por fin todo ha merecido la pena.
Y un día te despiertas y te preguntas.
“Pero, ¿cómo cojones he acabado aquí gracias a una tuba?”
Pues sí, increíble… pero cierto.
Porque dentro de esa burbuja, todo es posible.
El caso es que no se me ocurre mejor momento que hoy para acercarte a ella.
Así que, si quieres, enseño el mundo orquestal desde dentro.
Lo hago a través de mi boletín gratuito donde, nada más confirmar, recibes un email muy especial donde te cuento algo íntimo.
Y es que recientemente, en el último tour con Mahler Chamber por EE.UU., no se me ocurrió otra cosa que ir a surgirle algo bastante delicado a la famosa Yuja Wang. ¿La pianista guapa de moda? La misma. El caso es que me armé de valor y en el backstage se lo solté todo, a bocajarro.
Reconozco que estaba cagao… pero contra todo pronostico, me lo agradeció.
Lo mejor de todo es la lección que aprendimos los dos. Ella y yo.
Así que lo dicho, la tienes justo en el primer email.
